Nueva teoría explica la súper rotación de Venus

22 de mayo de 2010

Akatsuki, un satélite meteorológico japonés, se dirige en estos momentos hacia Venus, tras un lanzamiento exitoso desde el Centro Espacial de Tanegashima, en Japón y tras un retraso de unos días por culpa de las inclemencias meteorológicas.
La misión de este satélite es estudiar los misterios que aún no se han podido desvelar del Lucero del Alba. Entre ellos, Akatsuki podría ayudar a resolver por qué los vientos de Venus se desplazan a una velocidad que supera la velocidad de rotación del propio planeta.
Venus rota una vez cada 243 días, pero se necesitan apenas un 4 días para que las nubes de la atmósfera venusiana den la vuelta al planeta, a la friolera velocidad de 200 metros por segundo. Este fenómeno se conoce como súper-rotación.
Los astrofísicos han especulado que la diferencia de temperatura entre el día y el lado nocturno de Venus, a 300K y a 100K, respectivamente, es lo que impulsa estos vientos. Pero hay un problema con este cálculo. La atmósfera de Venus tiene una cierta viscosidad, y por eso, por sí sola, debería disipar la energía a razón de 10^9 W, lo que debería frenar los vientos.
Entonces,podemos deducir que hay otro mecanismo desconocido que proporciona esta energía que permite esta velocidad tan rápida de los vientos.
Héctor Javier Durand-Manterola y sus colegas, de la Universidad Nacional Autónoma de México, dicen que han resuelto este rompecabezas. Señalan que, además de los vientos atmosféricos normales, hay otro flujo mucho más rápido y mucho más alto sobre el planeta. Estos son los vientos iónicos de la ionosfera que se sitúan a una altura de entre 150 y 800 kilómetros sobre la superficie y que fueron descubiertos por la Pioneer Venus Orbiter, en los años 80.
Conocidos como flujo transterminador, estos vientos viajan a velocidades supersónicas, de varios kilómetros por segundo, impulsados probablemente por la interacción del planeta con el viento solar.
La cuestión a la que Durand-Manterola y sus compañeros apuntan es a lo que ocurre cuando los vientos supersónicos en la ionosfera interactúan con los vientos más lentos en la atmósfera. Su respuesta es que la interacción genera turbulencias en la atmósfera y que la disipación de esta turbulencia crea ondas de sonido que inyectan una cantidad significativa de energía en la atmósfera.
¿Cuánta energía? Durand-Manterola y sus amigos calculan que el proceso inyecta energía a razón de 10 ^ 10 W, más que suficiente para dar cuenta de las pérdidas debidas a la viscosidad. De hecho, una predicción que hacen es que las ondas sonoras creadas por el proceso de inyección de energía tienen una intensidad de 84 dB. Esta energía debería ser medible en el futuro.
Para apoyar la idea, el equipo ha realizado un sencillo experimento con agua para demostrar cómo se produce la transferencia de energía, aunque en condiciones bastante diferentes.
Esta es una idea interesante pero se necesitan más observaciones de Venus para demostrarla. El hecho de que este proceso pueda sustituir a la energía disipada no significa que sea el mecanismo que la produce.
Tal vez, Akatsuki consiga darnos una respuesta. El satélite llegará a Venus en diciembre y comenzará a enviar datos poco después. Durand-Manterola estará atento a la información aportada por Akatsuki.

Más información en el enlace.

Comparte esta entrada

votar