Spitzer nos adentra en la Pequeña Nube de Magallanes

26 de febrero de 2010


Esta imagen tomada por el Spitzer muestra el cuerpo principal de la Pequeña Nube de Magallanes, que se compone de una barra situada  a la izquierda y de una especie de "ala" a la derecha. La barra contiene tanto estrellas jóvenes como viejas, mientras que el ala está principalmente formada por estrellas jóvenes. Los datos del Spitzer confirman que la región de la cola ha sido recientemente arrancada de la formación principal. Además en la imagen se puede ver un cúmulo globular situado en la parte inferior izquierda (el grupo de estrellas de color azul). Tanto en la parte superior derecha, como en la esquina inferior derecha, se pueden apreciar emisiones de polvo de nuestra propia galaxia.
Esta imagen está siendo estudiada por los astrónomos para determinar el ciclo de vida  estelar en la galaxia, enana así como para determinar el proceso de la formación de las atmósferas estelares, el medio interestelar, y el polvo que se consume en la formación de nuevas estrellas.
Hoy en día, el polvo interestelar se pesa midiendo la intensidad y el color de su emisión en longitudes de onda infrarrojas. La velocidad en la que la materia prima se consume se determina mediante el estudio de regiones de gas ionizado y de las estrellas más jóvenes . La Pequeña Nube de Magallanes es una de las pocas galaxias en las que podemos realizar este tipo de estudios. Y a su vez, esta investigación no podría realizarse sin el Spitzer.
Esta imagen fue captada por las cámaras infrarrojas de Spitzer y el fotómetro de multibanda de imagen. El color azul, muestra principalmente las huellas de las estrellas viejas. Las trazas de color verde pertenecen a las emisiones de partículas de polvo orgánico (hidrocarburos aromáticos policíclicos, principalmente). La emisión roja procede de los granos de polvo frío.
La Pequeña Nube de Magallanes (SMC), y su galaxia hermana mayor, la Gran Nube de Magallanes (LMC), llevan el nombre del marinero explorador Fernando de Magallanes, que documentó su existencia mientras viajaba por el planeta hace casi 500 años. Desde el hemisferio austral de la Tierra, pueden apreciarse como nubes delgadas.


Investigaciones recintes han demostrado que estas galaxias no son satélites de la Vía Láctea. Al parecer siguen su propio camino por el espacio, pero pasaron cerca de nuestra galaxia en el pasado por lo que las fuerzas de marea generadas por la Vía Láctea las ha distorsionado a ambas. Estas galaxias enanas están menos evolucionadas que la nuestra, y además las inestabilidades gravitatorias que han sufrido por parte de la Vía Láctea y otras galaxias con las que interaccionaron, han provocado la formación de nuevas estrellas. E incluso se sospecha que la Gran Nube de Magallanes pueda llegar a fusionarse en un futuro con la Pequeña Nube.
Karl Gordon, y su equipo están interesados en la Pequeña Nube de Magallanes no sólo porque es muy estrecha y compacta, sino también porque es muy similar a las galaxias jóvenes que poblaban el Universo hace miles de millones de años. La PNM sólo posee una quinta parte de la cantidad de elementos pesados, como el carbono, que posee la Vía Láctea. Lo que significa que sus estrellas aún no han tenido el tiempo suficiente como para generar estos nuevos elementos en su entorno.Dichos elementos fueron claves para la aparición de la vida en nuestro planeta.
El estudio de la PNM ofrece la posibilidad de entender diferentes entornos en los que se forman las estrellas.

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